Pequeña Niadu...


"Aquel que quiere permanentemente "llegar más alto" tiene que contar con que algún día le invadirá el vértigo.
¿Qué es el vértigo? ¿El miedo a la caida? ¿Pero por qué también nos da vértigo en un mirador provisto de valla segura? El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados"*

*.Fragmento extraido de La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera..... tengo el día literario, un arranque previo a los nuevos agobios que acechan y que se apoderarán de mi tiempo y mi existencia cuando menos lo espere.

Apología de la no-existencia

Vuelvo de la semana SANTA (santa santísima) cargada de devoción por mi ateísmo practicante, iluminada por el sindios del gran cuento inventado, vaya a usted a saber por quien, que mantiene a tantos y tantos en una realidad que no alcanzo a comprender... es curioso el ser humano, esa necesidad ferviente en creer que algo mas allá de su entendimiento rige la esencia de su vida, ¿tanto miedo nos da el coger las riendas de nuestra existencia, el aceptar las responsabilidad y consecuencia de nuestros actos, el reconocer lo que somos? complicada faena la de ser, estar y padecer el mundo en que vivimos.
No quiero de todas formas adentrarme demasiado en estos caminos, porque uno es facilmente absorbido por un sentimiento de cierta supremacía, como si al negar lo que tantos creen se sintiese uno en poder de la verdad, de la libertad de pensamiento... ¿jodido eh?... en fin, que puedo decir yo, empeñada como estoy en atrapar las sensaciones mundanas, las cuales quizá se alojen en el mismo espacio de aquellas que, otros en su fervor, experimentan ante la imagen de un sol convertido en hombre crucificado.

(*Les recomiendo, señores lectores, que vean el documental zeitgeist, donde se pone de manifiesto la "obra y gracia" de la religión que nos ha tocado vivir)

"INSTRUCCIONES PARA SUBIR UNA ESCALERA"

Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en linea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquier otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso. Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie.) Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella facilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.
Historias de cronopios y famas, Julio Cortazar.

Les regalo a los señores lectores uno de los primeros textos que leí de Cortazar, incluido en un libro que un personaje singular de piel brillante tuvo a bien regalarme.